¿Estamos utilizando cada mercadillo para mejorar?
Sin compartir información no podemos evolucionar.
Antonio Benavides
6/22/20265 min read


Si no medimos, no podemos mejorar: cómo aprender de cada mercadillo
Los mercadillos son una de las actividades más visibles de JIPIJAPI. Nos permiten mostrar nuestras creaciones, conocer gente nueva, compartir experiencias y, con suerte, realizar algunas ventas. Sin embargo, existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿Estamos aprendiendo realmente de cada mercadillo?
Lo habitual es que, al terminar la jornada, comentemos impresiones generales. "Había mucha gente", "este pueblo tenía ambiente", "se ha vendido poco" o "el tiempo no acompañó". Son observaciones útiles, pero insuficientes si queremos mejorar.
Las empresas analizan datos continuamente. Los deportistas registran sus entrenamientos. Los agricultores observan sus cosechas. Los artesanos y artistas también podemos beneficiarnos de una pequeña dosis de medición y análisis.
No se trata de convertir nuestros mercadillos en una oficina llena de estadísticas. Se trata simplemente de aprender de la experiencia.
Un colectivo que crece
Desde su nacimiento en 2021, JIPIJAPI ha pasado de ser una pequeña iniciativa a reunir a más de cuarenta personas entre artesanas, artesanos, escritoras, artistas, personas vinculadas a la autoedición y participantes de muy diversa procedencia.
Este crecimiento es una magnífica noticia, pero también plantea un reto: aprovechar toda la experiencia acumulada por el grupo.
Cada mercadillo nos deja enseñanzas. Algunas tienen que ver con las ventas. Otras con la organización, la comunicación, la relación con el público o las actividades complementarias. Si no las registramos, terminan perdiéndose.
Lo que deberíamos registrar
Cada participante podría dedicar apenas cinco minutos al finalizar el mercadillo para anotar algunos datos básicos:
Localidad.
Fecha.
Número aproximado de visitantes.
Ventas realizadas.
Producto más vendido.
Producto menos vendido.
Horas con más actividad.
Comentarios recibidos por el público.
Aspectos positivos.
Aspectos mejorables.
No es necesario ser exactos al céntimo. Lo importante es acumular información que nos permita detectar patrones y aprender de ellos.
Qué productos atraen aunque no se vendan
Existe un error muy frecuente.
Pensamos que sólo debemos fijarnos en aquello que se vende. Sin embargo, los productos que llaman la atención también aportan información valiosa.
Por ejemplo:
¿Qué pieza fue la más observada?
¿Qué artículo generó más conversaciones?
¿Qué objeto fotografió más gente?
¿Qué precios provocaron preguntas o comentarios?
A veces una pieza no se vende, pero atrae visitantes al puesto y ayuda a generar interés por el resto del trabajo expuesto.
Escuchar al visitante
Una de las herramientas más sencillas consiste en escuchar.
No hace falta preparar encuestas complejas. Bastan preguntas sencillas:
¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
¿Qué le gustaría encontrar en futuros mercadillos?
¿Con qué frecuencia visita este tipo de eventos?
¿Qué echa de menos en los puestos?
Muchas veces obtenemos información sorprendente simplemente prestando atención a las respuestas.
La importancia de las fotografías
Cada mercadillo debería generar un pequeño archivo fotográfico.
No sólo de los puestos, sino también de:
La distribución general.
La señalización.
Los espacios comunes.
Las actividades paralelas.
Los momentos de mayor afluencia.
Con el tiempo estas imágenes se convierten en una valiosa fuente de información para organizar mejor futuras ediciones.
Aprender como grupo
Una de las mayores fortalezas de JIPIJAPI es precisamente su carácter colectivo.
Si cada participante comparte una pequeña ficha después de cada mercadillo, el conocimiento común crecerá rápidamente.
Podríamos descubrir:
Qué localidades funcionan mejor.
Qué fechas atraen más visitantes.
Qué actividades generan más interés.
Qué horarios son más eficaces.
Qué necesidades tienen los asistentes.
La experiencia individual se convertiría así en aprendizaje compartido.
Más allá de las ventas
A veces medimos únicamente el dinero recaudado.
Sin embargo, existen otros indicadores igual de importantes:
Nuevos contactos realizados.
Invitaciones a futuros eventos.
Posibles colaboraciones.
Personas interesadas en talleres.
Nuevos seguidores en redes sociales.
Visitas a Jipijapi.net.
Personas interesadas en formar parte del colectivo.
Un mercadillo puede generar pocas ventas y, sin embargo, abrir oportunidades muy interesantes para el futuro.
Compartir para aprender, no para copiar
Existe una cuestión importante que merece ser aclarada.
Cuando hablamos de recopilar información sobre ventas, productos, visitantes o tendencias, no lo hacemos para que unas personas copien el trabajo de otras.
Ese sería precisamente el camino contrario al que defendemos.
La creatividad necesita respeto. Cada artesana, artesano, artista o creadora dedica tiempo a desarrollar sus propias ideas, experimentar con materiales, mejorar técnicas y encontrar una voz personal. Ese esfuerzo merece ser reconocido.
Los datos que compartamos deben servir para comprender mejor a nuestro público, mejorar la organización de los mercadillos y aprender colectivamente. No deben utilizarse para identificar qué producto vende más y reproducirlo después en otros puestos.
Si todos terminamos ofreciendo exactamente lo mismo, los mercadillos pierden diversidad, personalidad y atractivo.
La riqueza de un mercadillo artesanal reside precisamente en la variedad de propuestas que ofrece. Cada puesto aporta una mirada diferente y eso es lo que convierte la visita en una experiencia interesante.
Queremos compartir conocimiento, no uniformar la creatividad.
Queremos aprender juntos, no competir entre nosotros.
Queremos que cada participante encuentre su propio camino y aporte algo único.
Una cultura de mejora continua
Los artesanos mejoran sus técnicas observando sus errores y aprendiendo de la experiencia. Lo mismo ocurre con la organización de actividades.
Cada mercadillo es una oportunidad para aprender algo nuevo.
Si registramos información, compartimos observaciones y analizamos resultados, poco a poco tomaremos mejores decisiones. Elegiremos mejor los eventos, prepararemos mejor nuestros puestos y comprenderemos mejor a nuestros visitantes.
En JIPIJAPI creemos en el valor de la creatividad, pero también en el valor del aprendizaje compartido.
Porque crear es importante.
Pero aprender de lo que creamos es lo que nos permite seguir creciendo.
Una invitación a participar
Desde JIPIJAPI queremos comenzar a construir una memoria colectiva de nuestros mercadillos.
Por eso invitamos a todas las personas participantes a dedicar unos minutos después de cada evento para compartir observaciones, fotografías, anécdotas y sugerencias.
No buscamos informes complicados ni estadísticas profesionales.
Buscamos experiencia real.
¿Qué funcionó bien?
¿Qué podría mejorarse?
¿Qué preguntas hicieron los visitantes?
¿Qué actividades despertaron más interés?
¿Qué aprendimos que pueda resultar útil para el grupo?
Con pequeñas aportaciones de muchas personas podremos construir un conocimiento que ninguna persona podría reunir por sí sola.
Porque JIPIJAPI nació para compartir.
Y compartir no significa copiar.
Significa ayudarnos mutuamente a crecer, aprender y crear mejores experiencias para quienes visitan nuestros mercadillos.
Si conseguimos hacerlo, cada encuentro será un poco mejor que el anterior.
Y ese será, probablemente, uno de los mayores éxitos que podamos alcanzar como comunidad.
Porque, al fin y al cabo, si no medimos, no podemos mejorar.


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