Actividades para las temporadas bajas. Nos vamos de vacaciones

Antonio Benavides

7/31/20263 min read

Cuando el mercadillo termina... ¿también termina nuestro proyecto?

Durante unos meses al año los mercadillos llenan plazas, parques y calles. Llegan visitantes, se organizan ferias y parece que todo resulta más sencillo. Sin embargo, cuando termina el verano o pasan las fiestas navideñas, muchas personas guardan las mesas, las cajas y los productos hasta la siguiente temporada.

Quizá sea el momento de plantearnos otra forma de entender nuestra actividad.

No se trata únicamente de esperar al próximo mercadillo. Se trata de mantener vivo el proyecto durante todo el año.

El mercadillo es un escaparate, no el negocio completo

Un mercadillo tiene un enorme valor. Permite conocer personas, recibir opiniones, comprobar qué productos gustan más y disfrutar del contacto directo con el público.

Pero también tiene limitaciones.

Depende del calendario, del tiempo, de la organización y, en muchos casos, del turismo.

Por eso puede ser interesante considerar el mercadillo como una parte del proyecto, no como el proyecto entero.

Seguir creando durante todo el año

Cuando no hay mercadillos es un buen momento para experimentar.

Podemos aprender nuevas técnicas, probar materiales diferentes, mejorar los acabados o preparar colecciones para la siguiente temporada.

Las prisas desaparecen y aparece algo muy valioso: tiempo para crear.

Muchas de las mejores ideas nacen precisamente cuando no existe la presión de tener que vender el fin de semana siguiente.

Compartir conocimientos

En Jipijapi hemos comprobado que una conversación puede ahorrar muchas horas de trabajo.

Un material nuevo.

Una herramienta.

Un proveedor.

Un mercadillo descubierto.

Una experiencia positiva... o negativa.

Todo eso tiene un enorme valor cuando se comparte.

Las comunidades crecen cuando la información circula.

Talleres y demostraciones

No siempre es necesario vender.

En ocasiones resulta igual de interesante enseñar.

Muchos centros culturales, bibliotecas, asociaciones vecinales, colegios o ayuntamientos buscan actividades diferentes.

Un pequeño taller puede convertirse en una magnífica forma de dar a conocer nuestro trabajo y abrir nuevas oportunidades.

Colaborar entre artesanos

Una persona sola llega hasta donde llega.

Un grupo puede organizar muchas más cosas.

Exposiciones compartidas.

Intercambio de materiales.

Compras conjuntas.

Presentaciones de libros.

Jornadas de puertas abiertas.

Demostraciones.

Charlas.

Incluso pequeños proyectos editoriales.

La colaboración suele multiplicar las posibilidades sin multiplicar los costes.

Internet también tiene su plaza

No hace falta convertirse en una gran tienda online.

A veces basta con mantener una pequeña presencia.

Publicar una fotografía.

Contar cómo ha nacido una pieza.

Mostrar el proceso de elaboración.

Anunciar el siguiente mercadillo.

Responder a quien nos pregunta.

Internet permite que el puesto permanezca abierto simbólicamente incluso cuando la mesa está guardada.

Explorar nuevos lugares

Los meses más tranquilos también permiten investigar.

Buscar mercadillos en otras provincias.

Hablar con ayuntamientos.

Conocer asociaciones.

Visitar ferias como público.

Anotar ideas.

Preparar rutas para la siguiente temporada.

Muchas oportunidades aparecen porque alguien dedicó una tarde a investigar.

Aprender algo nuevo

Cada nueva habilidad puede convertirse en una nueva línea de trabajo.

Fotografía.

Encuadernación.

Ilustración.

Grabado.

Escritura.

Diseño.

Cerámica.

Costura.

Pirograbado.

No se trata de hacerlo todo, sino de seguir creciendo poco a poco.

Mantener viva la ilusión

Quizá este sea el aspecto más importante.

Cuando dejamos pasar varios meses sin crear, cuesta volver a empezar.

En cambio, si durante todo el año seguimos haciendo pequeñas cosas, el siguiente mercadillo ya no supone un nuevo comienzo, sino simplemente una nueva oportunidad para mostrar el camino recorrido.

En Jipijapi creemos que los mercadillos son mucho más que un lugar donde vender.

Son un punto de encuentro.

Un lugar donde aprender.

Donde compartir.

Donde descubrir personas con las mismas inquietudes.

Y, sobre todo, un recordatorio de que la creatividad no entiende de estaciones.

Porque el verano termina.

La Navidad también.

Pero las ganas de crear pueden acompañarnos durante los doce meses del año.